Justo cuando se alistaban para el desfile de la calle 84 conversé unos minutos con dos de sus cumbiamberos, la medico Pura Serrano Monroy y el ingeniero Carlos Guillermo Pinzón, quienes se preparaban en su casa para salir a bailar una vez más. Mientras se preparaban, fueron reconstruyendo la historia de una agrupación con 37 años defendiendo la tradición en el Carnaval de Barranquilla.

—Iniciamos aproximadamente en el año 2000. explica Pura Monroy. Ahí comenzó la Cumbiamba del Carajo.
Pero esa cumbiamba ya tenía tiempo pisando duro en la vía 40. Muchos de sus integrantes, incluidos ellos, hacían parte de la Cumbiamba El Gran Carajo, dirigida por Beatriz Ospino. Durante años participaron activamente hasta que por diferencias y situaciones con Carnaval S.A. provocó que el gran carajo se separara.
Para varios cumbiamberos esa separación no fue el final. Fue un nuevo inicio, un punto de partida para seguir amando el folclor.
—Cuando El Gran Carajo dejó de participar, varios de nosotros decidimos seguir. En cabeza de Soley del Castillo, que es nuestra directora, fundamos la Cumbiamba del Carajo. Afirma Pura con una ternura en su rostro que es visible notar que recordó buenos momentos.
La idea no era crear un nuevo nombre y olvidar la historia que ya tenían escrita. La idea era mantener esa tradición.
Desde entonces, la agrupación ha participado de manera constante en los principales eventos del Carnaval. La Gran Parada del sábado, el desfile del domingo y el tradicional recorrido de la calle 84. Actualmente cuentan con 30 y 35 parejas, todas unidas por el mismo interés, preservar el folclor.
En este punto de la entrevista quise entablar conversación con la persona que tenía sombrero vueltiao y que permanecía al lado de la señora Pura Monroy: su esposo, Carlos Guillermo, quien al igual que su esposa parece que nació para bailar cumbia.
—Aquí todos trabajan en algo diferente. dice Carlos —Hay profesionales, empleados, personas de distintos oficios. Pero cuando llega el Carnaval, todos somos cumbiamberos.
Los ensayos se preparan con mucha seriedad, porque es claro que tienen un gran peso de historia y tradición, y la idea de cada presentación es hacer que la próxima sea mejor que la anterior.
Pero, la Cumbiamba del Carajo no se ha quedado únicamente en Barranquilla. —Hemos participado en eventos nacionales e internacionales. afirma Carlos con un tremendo orgullo. Estuvimos en el Festival Folclórico de Ibagué, en Melgar y en varios municipios del Atlántico.

Pero hay un recuerdo que ocupa un lugar especial en la memoria del grupo y, creo yo que es el más nostálgico que tiene don Carlos, porque me lo dice con una emoción y alegría que es difícil no imaginar ese momento.
—En el año 2012, un domingo 12 de octubre, estuvimos en el desfile de la Hispanidad en la Quinta Avenida de Nueva York.
Ni siquiera dejo que termine y lo interrumpo diciéndole que si tiene fotos.
—Claro que si. Dice Carlos con los ojos bien abiertos.

—Eso fue algo que nunca olvidamos. dice Carlos. Fue demostrar que nuestra tradición puede cruzar fronteras.
En la casa donde se realizó la entrevista tienen un pequeño álbum de fotografías que registran esos momentos. desfiles, viajes, encuentros culturales. Cada imagen confirma que la Cumbiamba del Carajo no es cualquier cumbiamba como las otras, sino una familia que tiene una historia que sobrevive con el tiempo.

Lo que comenzó como una respuesta ante la desaparición de otra cumbiamba, terminó con una historia con identidad propia.
En medio de los preparativos ya listos para salir al desfile, queda claro que no se trata solo de bailar por en medio de una carretera. Se trata de pertenecer a una tradición que exige constancia, respeto y amor por la cumbia.
Minutos después, con el vestuario completo, salieron rumbo a la calle 84. No como una pareja cualquiera, sino como parte de una importante agrupación que tiene años marcando el paso en el Carnaval de Barranquilla.
Porque si algo demuestra la Cumbiamba del Carajo es que la tradición no desaparece cuando enfrenta obstáculos.
Se reorganiza, Se fortalece y, vuelve a salir del carajo.
