EL CARNAVAL EMPIEZA POR CASA

Casa de rosa llanos

Por: Aida Lara y Johnny Ortega

La casa de Rosa Llanos no duerme en carnaval. El día comienza en el barrio San Isidro  y cuando los primeros rayos de sol iluminan la fachada la gente se detiene con curiosidad, un niño señala, una mujer sonríe, alguien saca su celular para tomar una foto, el lugar se convierte en punto de encuentro, en recuerdo, en fiesta; porque, en Barranquilla el carnaval no solo  se vive desde una tarima, en el recorrido de los desfiles tradicionales o con el resonar de los tambores, también comienza así: en una terraza iluminada, con una familia que ajusta telas, que decide vestirse de alegría y memoria, aquí el carnaval empieza por casa.

Casa de Rosa Llanos

Hace más de veinte años, Alcides Romero entendió que la fiesta no podía quedarse solo en la calle,  pensó que, así como  en la navidad los barranquilleros decoraban sus hogares, el carnaval también debía tener ese mismo privilegio, de esa idea nació Fachadas en Carnaval, un gesto sencillo que con el tiempo se trasformó en un proyecto de ciudad. Para Alcides, el carnaval es una suma de artes caminando juntas, danza, teatro, pintura, música, disfraces y humor popular. Como rey Momo del 2020, conoce el peso simbólico de esta fiesta y la defiende como un patrimonio vivo; preservarla insiste, es garantizar que las nuevas generaciones sigan reconociéndose en ella. Pocos imaginaban que pintar una fachada sería también una forma de preservar identidad, hoy no solo se decoran casas, también lo hacen los locales, hoteles, centros comerciales, el Malecón del Rio, Barranquilla y el Atlántico entero se visten de colores, máscaras y tradición. Eso solo pasa – dice Alcides- cuando una idea se queda en corazón del barranquillero.                                                                             

Alcides Romero

De hecho, Rosa es una de las personas que convirtió esa idea en acción, su casa es más que una decoración, es una historia contada con telas, luces y recuerdos; en su terraza conviven dos tiempos: del carnaval antiguo rescató  las palmas secas que se usaban en  las viejas casetas, los disfraces sencillos e improvisados, hechos con lo que había a la mano, de lo moderno tomo las telas neón: rosadas, amarillas, naranjas, verdes, y las figuras con imágenes alusivas al carnaval, su fachada no elige entre  pasado y presente, lo abraza. Lleva más de una década decorando su casa, cosiendo muñecos, rellenando pantalones con trapos viejos, “yo me las ingeniaba” dice con una sonrisa heredada de la infancia, nunca decoró para ganar un premio, lo hacía porque le emocionaba que la gente se detuviera en su casa y le dijeran “que bonito” para Rosa era suficiente. En años pasados mientras ajustaba los últimos detalles de la fachada de su casa, Alcides llegó a la vivienda, se detuvo a observar la decoración, y le dijo: -¡Esto me gusta, participe en el concurso! esa frase fue la chispa que la inspiró, desde entonces Rosa con la ayuda de su familia lo dieron todo, veían otras fachadas, imaginaron nuevas cosas, corrigieron, volvieron a empezar, no buscaban un trofeo solo querían honrar lo que aman.

Rosa Llanos

Este año 2026, comprendió que no quería adornar, si no crear un ambiente, un lugar, se preguntó ¿En dónde festejaba antes el pueblo? En las antiguas casetas y hoy en los estaderos, entonces decidió convertir su casa en un lugar que tuviera una mezcla de estos dos. Diez años decorando, cinco concursando sin rendirse, incluso cuando el premio no llegaba. Hoy es un punto de encuentro, vecinos entran, periodistas la entrevistan, vienen reinas de colegios con sus fotógrafos, todo el que pasa se toma su foto, le hacen preguntas, se quedan conversando interesados en el motivo de la fachada, quienes llegan son bien recibidos con la misma emoción. Rosa se ganó el concurso este año, sí, pero sobre todo ganó un puesto en la memoria viva del carnaval. Ella es reflejo de un pueblo entero: familias que se unen, amigos que ayudan, niños que aprenden que la cultura  no se hereda por obligación, si no por amor.

Es la historia de dos maneras de amar el carnaval, Alcides desde la gestión y la memoria colectiva, cuidando la tradición como quien protege un fuego para que no se apague; Rosa desde la intimidad de su hogar, entre telas, risas y sudor, enseñando a sus hijos el valor de esta fiesta. El soñó con que el carnaval entrara en las casas, ella abrió las puertas de la suya para que ese sueño se hiciera realidad. En ese cruce entre el gestor y la ama de casa, entre la idea y la acción, se revela el verdadero sentido de Fachadas en Carnaval, el  de salvaguardar la tradición e identidad de nuestra cultura, integrando a los ciudadanos, recordándonos que el carnaval no pertenece a unos pocos, sino a todos, tanto a locales como a visitantes.

Cuando las luces de las casas se encienden por completo al caer la noche, se entiende que el carnaval comienza  en el hogar y mientras existan familias dispuestas a vestirse de alegría, de color, de cultura, nuestra fiesta seguirá teniendo futuro.

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