Una intervención liderada por la Policía Nacional en Riohacha permitió transformar de manera significativa la Institución Etnoeducativa ABUWIMAKE, ubicada en el barrio La Luchita, beneficiando directamente a 160 niños y niñas, en su mayoría pertenecientes a la comunidad indígena wiwa, quienes durante años estudiaron en condiciones precarias.

Una intervención que va más allá de la seguridad
La acción se desarrolló en el marco de la estrategia “Regreso a clases: Mi escuela, mi Segundo Hogar”, con la participación de la Policía de Infancia y Adolescencia, el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) y la comunidad educativa, marcando un hito en la Comuna 10 de Riohacha.
Antes de la intervención, la institución enfrentaba graves deficiencias en infraestructura, entre ellas una obra inconclusa, una sola batería sanitaria, falta de pupitres adecuados, ausencia de ventilación pese a las altas temperaturas y acceso limitado a agua potable.

Mejoras estructurales y condiciones dignas
Tras el trabajo articulado, el panorama cambió de manera sustancial. Se realizó mantenimiento general de las instalaciones, adecuación de pupitres, instalación de cinco nuevas baterías sanitarias, colocación de diez ventiladores y se garantizó el suministro de agua, mejorando de forma directa las condiciones de aprendizaje.
Estas acciones impactan positivamente a estudiantes de las comunidades wiwa, wayuu y población migrante, que convergen en ABUWIMAKE como un espacio de integración cultural y educativa.
Un mensaje de futuro y cultura
El teniente coronel Raúl Pérez, comandante Operativo de Seguridad Ciudadana, resaltó que el compromiso institucional va más allá del orden público.
“Cuando garantizamos entornos escolares seguros y dignos, estamos sembrando futuro y fortaleciendo la cultura”, señaló el oficial.
La institución fue destacada como un símbolo de resiliencia, donde los docentes cumplen un rol fundamental como guardianes del saber ancestral y promotores de valores comunitarios.

Educación como motor de esperanza
La intervención demuestra que la articulación entre autoridad, educación y comunidad puede superar la escasez de recursos y construir entornos protectores para la infancia, reafirmando que la educación es el principal motor de esperanza y transformación social en Riohacha.