Vehículos ‘transformers’ en Barranquilla: ¿quién controla este transporte informal?

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El aumento de los llamados vehículos “transformers” en el suroriente de Barranquilla ha abierto un debate urgente sobre legalidad, seguridad vial y control institucional. Estos automotores, construidos de forma artesanal con piezas de motocicletas, circulan diariamente transportando pasajeros sin cumplir con los requisitos exigidos por la ley.

En sectores donde el transporte público es limitado, estos vehículos han ganado terreno como una opción rápida y económica. Su presencia es cada vez más visible en corredores como la calle 30, la calle 17 y zonas cercanas al área portuaria. Sin embargo, detrás de esta solución informal se esconde una problemática compleja que involucra riesgos técnicos y posibles actividades ilegales.

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Calle 17 donde se realiza la construcción de motocarros

Expertos en movilidad advierten que estos vehículos no cumplen con condiciones básicas de seguridad. Al incorporar motores de motocicleta en estructuras diseñadas para tracción humana, se generan fallas en estabilidad, frenado y control, aumentando la probabilidad de accidentes graves.

Además, no cuentan con homologación oficial. En Colombia, la fabricación o importación de vehículos requiere autorización del Ministerio de Transporte y el Ministerio de Industria y Comercio, proceso que certifica que cumplen con estándares técnicos. En el caso de los “transformers”, no existe ningún aval que respalde su circulación.

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Una de las mayores preocupaciones es el posible uso de motores provenientes de motocicletas robadas. Aunque algunos propietarios aseguran tener documentos legales, las cifras de hurto en la ciudad mantienen las alertas encendidas. La facilidad para conseguir piezas y ensamblar estos vehículos a bajo costo ha impulsado su expansión.

El fenómeno también tiene un componente social. Para muchas familias, estos vehículos representan una fuente de ingresos y una herramienta clave para movilizarse en zonas olvidadas por el sistema de transporte formal. No obstante, el riesgo es alto: los pasajeros no cuentan con seguros, y los conductores, en muchos casos, no tienen licencia.

Las autoridades tienen un reto claro. La Policía Nacional debe reforzar las investigaciones sobre el origen de los motores, mientras que las autoridades de tránsito deben regular su circulación. Al mismo tiempo, los entes nacionales deben definir si este tipo de transporte puede ser regulado o si su uso debe ser restringido completamente.

El crecimiento de los “transformers” refleja una necesidad no resuelta en la ciudad, pero también expone una realidad preocupante: cientos de personas se movilizan diariamente en vehículos que no cumplen con las condiciones mínimas de seguridad, quedando totalmente desprotegidas ante cualquier accidente.

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